Domingo, 14:08
Los rayos del Sol incidiendo
en mis párpados no conjugan con las malditas pocas ganas que tengo de
levantarme. Qué resaca…
Sin embargo anoche no salí a
comerme el mundo, pues éste, con la única compañía de tus recuerdos y el ron,
me comió a mí.
¿Sabéis esa sensación de
miedo y de prisa que os entra cuando estáis en la calle esperando a alguien que
no llega y la gente no para de mirarte, hasta sentir que no perteneces a este
mundo, pero que los que realmente sobran en esa gran vía son todos ellos? Y en
medio de esa situación lo mejor que se te ocurre es llamar por teléfono por si
finalmente viene o te vas tú. Pues así fue más o menos:
Yo esperaba a alguien que no
llegaba más que en venenosos recuerdos. Putos todos. Mi gran vía eran estas
cuatro paredes que no dejaban de mirarme;
la botella fue como ese móvil que se va quedando sin saldo al llamarte,
pero que no cuelgas porque alivia saber que estás tú al otro lado. El alcohol
en vena aumentaba tan rápido que el culo de la botella se veía casi en su
totalidad a las tres de la mañana.
Las horas eran tan dolorosas
y mortíferas como la imagen de tus maletas en la puerta seguidas del portazo que
ensordecía mis oídos, y dejabas mi corazón tan inválido e inservible como mis
ganas. Curioso. La misma sensación que sigue quebrando mi cuerpo a pesar de los
meses que han pasado desde tu partida.
Seguro que ese pitido que
sentías cuando estabas en la cama al volver de fiesta era yo, echándote de
menos cada segundo y maldiciendo esas últimas palabras que torturan mi mente. “PUES VETE, PERO SI CRUZAS ESA PUERTA AQUÍ NO
VUELVES”.
Un trabajo agotador pensarte
toda la noche, sudando besos y abrazos innatos entre sorbo y sorbo. La
inmensidad de la soledad me hundía y me entró prisa por ir a buscarte, por
rebajarme y pedirte que volvieras, sin embargo no lo hice (bendita la escasa
lucidez que me lo impidió).
Sin saber cómo, la botella se
quedó tan vacía como mi móvil desde que no me llamas, como el cajón sin tu
ropa, como mi sonrisa desde que te la llevaste, como mis ojos de tanto llorarte...
tan vacía como yo.
SILENCIO…
Domingo, 14:08
Los rayos del Sol incidiendo
en mis párpados, no conjugan con las malditas pocas ganas que tengo de
levantarme. Qué resaca…
Cada entrada mejor que la anterior.
ResponderEliminarMuchísimas gracias Andrea :)
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