Se cansará la poesía de que te escriba.
Pasará la vida y se acumularán los años queriéndonos sin
querer.
Permanecerá tu legado, la historia que no supimos ser, pero
fue.
No nos hizo falta una fecha porque todo empezó mucho antes
de lo que recodábamos después de crecer. Aún sobresale en 3D la inocencia de
nuestro primer beso.
Tendríamos unos 10 años, jugábamos a la botella y tuvieron
que juntarnos las cabezas porque nos daba repelús el mínimo roce superficial en
los labios.
No te preocupes. No te culpo por no acordarte, ya sabes que
me hace feliz rellenar esa cabecita que involuntariamente reseteó recuerdos y
el relatártelos entre Desperados nos devuelve a lo que fuimos.
Y por qué no, a lo que seguimos siendo.
Un día me dijiste: “No temo a la muerte, pero vivir sin
recordarte es peor que morir”.
Sólo supe besarte como nunca antes, como a nadie más. Te
besé y acumulé en el oxígeno de esa bocanada
un “Si me olvidas, tendremos otra oportunidad para poder ser”.
Y si el recuerdo se niega a morir, siempre estaremos a
tiempo aunque ahora no sea nuestro momento. Lo sé, no queremos querernos así,
pero no sabemos hacerlo de otra forma, nuestros sentimientos son atemporales e
inversamente proporcionales a la razón y a nosotros mismos.
No me importa. No seremos definitivos pero fuimos los
imprescindibles.
Te he vuelto a ver. Y me declaro la paz en cada despedida
habiendo sido fiel, ya me costaste demasiadas batallas y prefiero no imaginar
cómo acaba la guerra. Ya sabes, que no acepto ningún final empate, y nuestra
victoria es siempre, volvernos a ver.