Para cuando vengas, no te pido gran cosa:
Simplemente que te vuelvas loco por mí, un poco más.
Sigo queriendo que tus manos dejen de acariciar pieles,
Y que patentes la mía.
Aunque no lo digas, me sigues echando de menos,
Sino no me estarías leyendo.
¿Y, yo?
Te escribo mientras espero que me inspiren otras letras diferentes
Que las que
conforman tu nombre.
Ven. Y demuéstrame que enero,
Son más de treinta y un bocados rebeldes y enredos de pelo.
Deja que presumamos de que la mejor forma de ver se llama
tacto.
Va llegando el verano y con él
Mi costumbre de escribir
poemas sin rima en la madrugada.
No se qué tiene tu voz rasgada,
Ni por qué mi dicha empieza en
el quinto lunar de tu espalda.
Gáname batallas, cállame la boca y aráñame de ganas. De Amor.
Eh, te echo de menos, pero no me tomes muy en serio.