lunes, 20 de mayo de 2013

Mi manía de emparejar todo menos los calcetines.

Se ha enfriado el café mientras esperaba verte aparecer.
Para cuando vengas, no te pido gran cosa:
Simplemente que te vuelvas loco por mí, un poco más.
Sigo queriendo que tus manos dejen de acariciar pieles,
Y que patentes la mía.

Aunque no lo digas, me sigues echando de menos,
Sino no me estarías leyendo.
¿Y, yo?
Te escribo mientras espero que me inspiren otras letras diferentes
Que las que conforman tu nombre.
Ven. Y demuéstrame que enero,
Son más de treinta y un bocados rebeldes y enredos de pelo.
Deja que presumamos de que la mejor forma de ver se llama tacto.

Va llegando el verano y con él 
Mi costumbre de escribir poemas sin rima en la madrugada.
No se qué tiene tu voz rasgada,
Ni por qué mi dicha empieza en el quinto lunar de tu espalda.
Gáname batallas, cállame la boca y aráñame de ganas. De Amor.
Eh, te echo de menos, pero no me tomes muy en serio.





martes, 7 de mayo de 2013

Las tormentas que ahogan mi tormento.


Abril con todas sus “aguas mil” se queda embobado al verte mientras pierde la batalla al demostrarle que la tormenta más perfecta se esconde en tu ropa. Me siento a gusto sabiendo que no te has ido, no todavía. Sin embargo, aunque te vayas, siempre vuelves los días de lluvia. Con más fuerza y ganas, al igual que el agua de mayo y los aguaceros de verano.

¿Sabes que en un monte de Hawaii llueve más de 350 días? 

Sigues amaneciendo conmigo, otra vez, una más de tantas. Y desde mi lado de la cama pienso lo condenadamente guapo que estás con el pijama a besos que te he hecho. Hemos sido las cuatro estaciones sobre las sábanas. Sonríes, y tus pupilas beben de las mías cuando me destapas. Sinceramente, no creo que exista mejor sensación que esa.

No he visto el tiempo, pero créeme si te digo que en mi cama se avecinan tempestades, diluvios universales…
                              
 Será que vuelves.