domingo, 11 de septiembre de 2016

Cardiofotografía

No soy capaz de mirar tus fotos.
He tenido que guardarlas todas en una caja y no tenía a mano una llave ni un candado. 
Se ha quedado abierta, protegiendo lo único que queda de nosotros.
Sé que cogerá tanto polvo como tiempo necesario hasta que las pueda tener en mis manos sin que duelan, sin que duelas.
Quiero que vivan para siempre en ese minimundo, 
que sean felices allí y que hagan las cosas mejor de lo que lo hice yo.

Que se sigan haciendo el amor y se congelen nuestros besos.

Quiero recordarte en color, en blanco y negro y siempre sonriendo.
Pero me sigue sabiendo la boca a esa lágrima que me tragué en nuestro último abrazo en tu habitación.
Igual de salada que el agua del mar en aquella playa mediterránea, en la de siempre.
Donde hacerte el amor en el agua, no tenía nada que ver con el sexo, sino con subirme a tu espalda y que me protegieras de las olas para que no me diera tanta impresión al mojarme la tripa.
  
Lo bonito de las fotos, es que saben hacer eternos los momentos.
Ésos que ya no se repetirán pero que quedan para siempre inmortalizados.
Son pruebas de felicidad, cenizas de un fuego que no sé si todavía quieres que siga ardiendo. 
Un fuego, que se consume cada día que no estás.

Llevo semanas, quizás meses sin verte. 
He perdido la noción del tiempo y a mí desde que no me llamas.
No sé para qué me empeño en seguir enamorada de imposibles,
Si ya me cerraste la puerta y abriste ventanas que no son para mí.
Y yo, mientras, sigo asomada al balcón de mi habitación, por si algún día tonto te da por volver, como hiciste aquella vez. Cómo llovía ¿lo recuerdas?

Me pillaste recién salida de la ducha y joder...he tenido que tirar el puto albornoz porque no soy capaz de no imaginarte quitándomelo con toda la ternura de aquel día.

Te sigo llevando en mi mano izquierda y en mi cartera.
Todavía no consigo desprenderte de mí.  
Quiero que dejes de ser pasado. 
Pero nos empeñamos en seguir haciendo las cosas mal.
Nosotros, que siempre hablábamos en futuro mientras hacíamos el presente. 

Lo triste de las fotos es eso, que sean fotos. 
Un trozo de vida plano, rectangular, que no tienen tu tacto. 
Ni tu risa, ni tu olor.