No soy capaz de mirar tus fotos.
He tenido que guardarlas todas en una caja y no tenía a mano
una llave ni un candado.
Se ha quedado abierta, protegiendo lo único que queda de
nosotros.
Sé que cogerá tanto polvo como tiempo necesario hasta que las pueda
tener en mis manos sin que duelan, sin que duelas.
Quiero que vivan para siempre en ese minimundo,
que sean
felices allí y que hagan las cosas mejor de lo que lo hice yo.
Que se sigan haciendo el amor y se congelen nuestros besos.
Quiero recordarte en color, en blanco y negro y siempre
sonriendo.
Pero me sigue sabiendo la boca a esa lágrima que me tragué
en nuestro último abrazo en tu habitación.
Igual de salada que el agua del mar en aquella playa
mediterránea, en la de siempre.
Donde hacerte el amor en el agua, no tenía nada
que ver con el sexo, sino con subirme a tu espalda y que me protegieras de las
olas para que no me diera tanta impresión al mojarme la tripa.
Lo bonito de las fotos, es que saben hacer eternos los
momentos.
Ésos que ya no se repetirán pero que quedan para siempre
inmortalizados.
Son pruebas de felicidad, cenizas de un fuego que no sé si
todavía quieres que siga ardiendo.
Un fuego, que se consume cada día que no
estás.
Llevo semanas, quizás meses sin verte.
He perdido la noción
del tiempo y a mí desde que no me llamas.
No sé para qué me empeño en seguir enamorada de imposibles,
Si ya me cerraste la puerta y abriste ventanas que no son
para mí.
Y yo, mientras, sigo asomada al balcón de mi habitación, por
si algún día tonto te da por volver, como hiciste aquella vez. Cómo llovía ¿lo
recuerdas?
Me pillaste recién salida de la ducha y joder...he tenido
que tirar el puto albornoz porque no soy capaz de no imaginarte quitándomelo con
toda la ternura de aquel día.
Te sigo llevando en mi mano izquierda y en mi cartera.
Todavía no consigo desprenderte de mí.
Quiero que dejes de ser pasado.
Pero nos empeñamos en seguir
haciendo las cosas mal.
Nosotros, que siempre hablábamos en futuro mientras hacíamos
el presente.
Lo triste de las fotos es eso, que sean fotos.
Un trozo de
vida plano, rectangular, que no tienen tu tacto.
Ni tu risa, ni tu olor.