viernes, 27 de enero de 2017

Mi punto fuerte


Nuestra relación es como los buenos vinos, mejora con los años.
No sé cómo describir lo que tuvimos y lo que somos hoy en día.
La última vez que te vi me contaste tu teoría de los pintalabios rojos.
Acertaste con mis intenciones, pero yo también adiviné las tuyas.
Hablamos durante horas y me hubiera bebido esa mirada inigualable que aun conservas entre cerveza y cerveza.
Me gusta tenerte en mi vida, saber que coincidimos al pensarnos y que tenemos más secretos en común de los que nadie se imagina.
Compartimos la particularidad de echarnos el uno al otro de nuestras vidas, durante semanas, meses…
Nos gusta dejar que el tiempo pase y juegue a nuestro favor en el siguiente encuentro.
Siempre he pensado que somos  unos amantes que no saben estar juntos , que no se quieren lo suficiente como para enamorarse más que de su libertad.
Por eso sé que no somos imposibles, sino incompatibles.

Nos hacemos felices en medio de una irrealidad, que al día siguiente nos hace dudar de si fue verdad o solo un sueño lo que vivimos.
Mezclamos la amistad, el cariño y e recuerdos en un cóctel de un color y olor de puta madre pero que no se debe beber bajo ningún concepto.

Porque sólo quiero que se me escape una lágrima cuando me atragante de ganas de orgasmos que al día siguiente tenga la certeza de que fueron verdad. 

lunes, 9 de enero de 2017

Declaración de intenciones

Abres tantas puertas que no necesito ventanas.
Entro y salgo continuamente de ti,
como el sin techo que se niega a dormir en la calle 
y que busca un lugar distinto cada noche, 
pero acaba regresando a su sucursal de siempre 
y no por resignación, sino por seguridad. 
Porque a veces el lugar más insospechado 
puede ser donde más nosotros nos sentimos.

Así me pasa contigo. 
Acabo volviendo y no haces más que limpiar la alfombra de “bienvenida” 
incansable, incesante y a pesar de todo feliz,
porque mis pies apunten en tu dirección.

Nunca quise llamar a tu puerta por si me dabas ganas de quedarme. 
Y tú, ya me habías hecho una copia de las llaves con llavero incluido. 
Me dejaste entrar y me invitaste a conocer cada recoveco de ti, 
aun sabiendo que podía hacer daño. 
Y aún puedo.           

Me recibes en tu abrazo de par en par
aunque te haya soltado la mano y haya buscado otras que agarrar.
Entro y salgo continuamente de ti y de mí 
porque me dan miedo los “nosotros”.
Me da miedo perderme en mí y no encontrar la salida 
porque nunca tiraron miguitas de pan para venir a buscarme. 
Sin embargo, pasa el tiempo y no te vas, no te desvaneces.

Incluso te siento cuando no estás, 
si me acaricio en las marcas que dejas en mis pezones 
o cuando me acomodo el pelo y huele a tu champú, 
ése que hace exactamente 83 minutos me estabas frotando con tus propios dedos. 
Y es que, que me duches tú es lo más eroticoromántico que va a vivir el amor en toda su vida.  

Empezaste siendo un inquilino,
un turista en mi pelo, al que le di a elegir en qué herida acurrucarse. 
Y me escogiste a mí entera. 

Escalofrío.

Fue entonces, cuando me prometí que entre tú y yo 
no habría secretos, 
que si nos tenía que separar algo fuera la sinceridad.
Y pienso. 
No hago más que pensar 
que me da vértigo quererte más de la cuenta 
y menos de lo que te mereces.

Pero, de repente, te miro dormir 
y compruebo en directo lo delicada que es la paz
y tu manera inconsciente de hacer ternura buscándome, 
sabiendo que estoy a tu lado. 
Y ya no hay miedo al que se le ocurra aparecer. 
Porque si lo hace, sólo tengo que tocar la camiseta que me has dejado,
mirarte por el rabillo de ojo y encontrarte ahí protegiendo mi espalda 
como si del último trozo de tierra en el mundo se tratase.

A partir de ese momento nos rescatamos
porque soy capaz de callar a todas tus inseguridades y las mías
y te elijo a ti para cohabitar, para echar raíces el uno en el otro. 

Espero que ahora pueda crecer sano, 
habiendo encontrado un lugar a salvo 
lo que llevamos meses creando.