martes, 30 de septiembre de 2014

Y como los poetas, vamos a follamar.

Amanece Madrid rebosante de ruido
Sin saber el derroche de calor que cabe en esta sábana.
Juegas a garabatear mi tripa mientras,
Miles de suspiros expiran en mi boca al encontrarse con la tuya.
Nunca unos brazos guardaron tantos secretos en forma de abrazos,
Y jamás me habían besado llorando.

Escalo por tus pupilas y tu mano se pierde en mi pelo.
Dejas mi piel al borde de erizamiento y la estación de mi pecho
Te acoge.
Y tú, vagabundo en mi cuerpo te enraízas en mis latidos.

Te declaro la guerra en cada bocado,
Derrapo hasta el sur de tu cadera, y sabiendo cómo te gusta,
Te hago volar sin alas.
Se revolucionan tus labios en todos los míos
Y dan paso a tus dedos, que traviesos juegan a buscar mi Norte.

Sabes darme más aunque te pida que pares.
Pero amor, esta guerra me pertenece.
Ya bien lo sabes.

Se ha apoderado el calor de los dos cuerpos
E impasibles y hábiles, bailan ahora rítmicas mis caderas…
Y ebrios de follamar, escribimos poesía sudando,
Sin prisa y con ella.


Como bien diría Carlos Salem Sola:
“El amor puede ser un cuento,
follar es más que un sentimiento,

y follamar, mucho mejor.”