Amanece
Madrid rebosante de ruido
Sin saber el
derroche de calor que cabe en esta sábana.
Juegas a
garabatear mi tripa mientras,
Miles de
suspiros expiran en mi boca al encontrarse con la tuya.
Nunca unos
brazos guardaron tantos secretos en forma de abrazos,
Y jamás me
habían besado llorando.
Escalo por
tus pupilas y tu mano se pierde en mi pelo.
Dejas mi
piel al borde de erizamiento y la estación de mi pecho
Te acoge.
Y tú,
vagabundo en mi cuerpo te enraízas en mis latidos.
Te declaro
la guerra en cada bocado,
Derrapo
hasta el sur de tu cadera, y sabiendo cómo te gusta,
Te hago
volar sin alas.
Se
revolucionan tus labios en todos los míos
Y dan paso a
tus dedos, que traviesos juegan a buscar mi Norte.
Sabes darme
más aunque te pida que pares.
Pero amor,
esta guerra me pertenece.
Ya bien lo
sabes.
Se ha
apoderado el calor de los dos cuerpos
E impasibles
y hábiles, bailan ahora rítmicas mis caderas…
Y ebrios de
follamar, escribimos poesía sudando,
Sin prisa y
con ella.
Como bien
diría Carlos Salem Sola:
“El amor
puede ser un cuento,
follar es
más que un sentimiento,
y follamar,
mucho mejor.”