Viernes de medianoche. Ellas.
En cualquier calle. Caminan decididas y alegres a pesar del frío que hace y de
la cola que les espera antes de entrar en esa discoteca.
Ibón se apresura a sacar el
DNI, “jodidos 18 a ver si llegáis pronto” piensa, mientras Nuria la perturba haciéndole
cosquillas.
Una vez dentro, Irene y Marta
buscan esperanzadas que no haya niñatos mientras dejan los abrigos. Más atrás,
Bárbara y Andrea chillan intentando entenderse por culpa de la música.
Tras unos retoques en el baño
van al medio de la pista, a quemar y quemarse en la noche. Ibón sale la última,
intranquila esperando no encontrárselo una vez más.
Intenta motivarse bebiendo el
primer cubata para reunirse con las demás, mientras se dice una y otra vez: Cambia la cara imbécil, que no está, ¿te
queda claro?.
En ese fondo de risas, goce y
música está ÉL, con sus amigos. Está serio, incómodo e incapaz de disimular la
culpabilidad que lo invade.
-Tío, no te rayes. Búscate
otra piva y olvídala de una vez, joder. Ehhhh ¿has visto a esa?¿ Por qué no le
entras?
ÉL levanta la cabeza
intentando contentar a su amigo mirando a la chica que le ha indicado. Ésta se
ha dado cuenta, le mira sonriente y baila sexy a posta para provocarle.
-¿Está buena eeh? O vas tú o
para mí.
- Pues toda tuya, ya estás
pedo. Además no me interesa lo más mínimo. – Contesta tajante mientras se aleja
hacia la barra intentando huir de su colega.
A pesar de la abrumante
multitud, consigue pedirse un ron-cola.
A tan sólo unos pasos, está
Ibón hablando con Sara y el resto de los Piña.
Pablo, propone una foto e Iván le pide al chico que tiene más cerca que les
haga el favor.
Sujetando la cámara y su
ron-cola con firmeza, ni ÉL ni ELLA se han dado cuenta de que están en frente.
Allí, nuevamente, los dos, con ganas de decirse todo y a la vez nada.
Se quedan tan inmóviles que
la foto no llega: pues Ibón no consigue sonreír, ni ÉL apretar el flash.
-¡Tío, dale al botón gordo de
arriba!.- Grita Pablo volviéndolos a ambos a la realidad.
Reaccionando, ÉL captura el
momento y la no sonrisa de Ibón.
ELLA se va rápido. Habría
echado a correr si la aglomeración no se lo hubiera impedido. Lo sabía, mierda!!
Sin embargo, a pesar de la
prisa que la persigue, ÉL la alcanza y la agarra fuerte mirándola a los ojos.
Esos ojos que antes, mucho antes, tenían vida propia, pues brillaban por y para
ella. Jodida traicionera su boca que tantas veces la ha besado como le ha
pedido perdón.
-Hablemos. Sal a fuera unos minutos, por favor. – Le implora
ÉL.
Ha imaginado esta situación
tantas veces, que Ibón cree no distinguir entre sueño y vigilia. Unos minutos, dices. ¿Cuántos 60 segundos
necesitas para aniquilar la culpabilidad que te persigue? Piensa tan alto
como si lo fuera a escuchar.
Sin embargo, no podía
concebir ningún tipo de sistema sexagesimal a su lado. Pues al igual que
Joaquín Sabina aprendió a olvidarla en 19
días y 500 noches; ella en 60 días y 500 noches. Malditos números,
recuentos, fechas….que se clavan entre pecho y pecho.
Retomemos a Ibón. No
contesta, pues no le salen ni las palabras ni las lágrimas. Nadie hubiera dicho
que estaba respirando si no fuera por el ligero parpadeo que ejerció.
-Sería un error que no nos diéramos otra
oportunidad, después de todo. ¿No crees?- Tantea ÉL con una sonrisa.
Serás gilipollas, por qué sonríes, maldito. Coge aire y deja escapar por inercia:
-¿Error? El error fue
regalarte de forma altruista mi cariño. La oportunidad de conocerme
transparentemente, de quererme como si no hubiera mañana, de vivirme tanto…
Error fueron
los brazos que abrazaron mis abrazos, los besos que murieron en tu boca y las
lágrimas que brotaban en cada pelea, gritos… en cada numerito de celos… hasta
quemar.
Error fue
que eligieras unas tetas más grandes, unas piernas más largas y un cerebro
enrollado en una larga melena rubia teñida de la primera patética que apareció.
Bienaventurado antiguo ERROR que hoy, es ACIERTO.