sábado, 30 de marzo de 2013

Corro y me pierdo en el camino.

Faltan dos canciones de 3:60 para que empiece a temblar.
Busco personas en medio de tanta gente que sólo sabe criticar.
No hay esperanzas para los amantes de madrugada, ni alas que me lleven hasta Él.
Cambiaría las copas compartidas por los besos que regalé sin saber porqué.
Me quedan dos veranos para empezar a correr.
Necesitaba una llamada a tiempo, para volver a querer.
Pero permanece un resquicio que me sigue sacando de quicio.
Y vuelve aquel mayo persiguiéndonos bajo el rocío.

Sigo escribiendo para consolar,
Por todas las veces que he actuado sin pensar,
Hasta que viva y no tenga que olvidar.
Para cuando me canse y no pueda más.

He aprendido que sin ser nosotros somos más nosotros que nunca,
Y que tenerte fue la mayor fortuna.
He comprobado lo irónico de despedirse para siempre, con un hasta nunca.
Atrás quedaron tus besos erosionando mi nuca.
Nos quedamos fuera del compás de la vida,
Y tú, prefieres destrozarte en cada esquina.
Jugábamos a quemarnos la piel en cualquier casilla,
Y ahora nos puede la desdicha.

He remado hasta ahogarme sin haber ganado.
Siéntate y me cuentas mientras te lías uno si tu mar de dudas se parece al mío.
Me ha rozado una palma en la que viviría noche y día.
Pero me di cuenta  de que un clavo no saca al otro, si el primero sigue anclado.
Que sé que tú también arriesgas sabiendo que te puedes quemar.
Que tú también empujas si te quieren tirar.
Que dejas todo sin mirar atrás,  y echas sal para cicatrizar.
Que como yo, sigues sin saber qué es amar.



jueves, 28 de marzo de 2013

Por no arriesgar, preferimos la infelicidad.


Podría achacar a la rutina mi falta de interés; pero ambos sabemos que la excusa Rutina tiene nombre y apellidos.  Aunque no lo conozcas es uno de esos que nadie recomienda. Tiene una mirada sin fin y unos besos no aptos para cuerdos. Podríamos seguir canalizando nuestra amistad diciéndonos “te quieros” que aparentan Amor hasta que el tiempo borre las mentiras. ¿Pero de qué serviría?  Sinceramente, me gustaría haberte hecho feliz y qué hubieras sido tú y no ÉL, el que pusiera mi vida patas arriba.
¿Nunca te has planteado saber cómo hemos llegado a esta situación? Yo lo justifico por la resignación y la ilusión.
Resignación por renunciar altruistamente a ÉL y en tu caso, a ELLA. Por conformarnos mutuamente, en lugar de luchar por lo que queremos, por lo que respiramos y nos respira.
Y, en menor medida, por la efímera ilusión. Sinceramente pensé que moriría de amor, al verme con otro, perdida en otros brazos… Ilusa, ilusos los dos. 

jueves, 21 de marzo de 2013

Los trapicheos de Morfeo.


Transcurren los días, las semanas, los meses. Increíble pensar que estamos en Marzo y aún me parece estar en Diciembre. Sigue haciendo frío,  y los guantes habitan  todavía en los bolsillos de mi abrigo…aparentemente somos iguales, los mismos. Sin más. 
Sin embargo, no es así. Ya no nos besamos. Y si soy sincera, no recuerdo cuándo ni cómo fue nuestro último beso.
Los árboles empiezan a recuperar las hojas, los primeros capullos se asoman y el Sol, tímidamente, intenta brillar con más fuerza.
Y pasa el tiempo. El mundo sigue girando, como tú y yo. Giramos. Pero nuestro amor no se resigna, simplemente duerme. Hiberna como los osos pardos hasta la primavera.

Pero por raro que parezca, ya es primavera, y ni rastro de las caricias, ni de los viajes por las constelaciones naturales de tu cuerpo.

Quizás haya florecido el sentimiento con complejo de Morfeo, o puede que, simplemente, sigamos soñando.

viernes, 15 de marzo de 2013

La energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma.


Tú tan polo positivo y yo tan polo negativo. Y pum. Como dos imanes nos atraemos. Puedo seguir hablándote de ciencias, aunque lo mío son las letras:
Hablo de la corriente continua, de tus dedos enlazados con los míos; y los electrones y protones de tus huellas dactilares por mi espalda.
Me remonto a antaño. Cuando éramos pura física y lograbas  mi punto de fusión y yo el tuyo de ebullición mientras revolucionábamos la Ley del movimiento del Newton entre las sábanas.
Sin embargo, formábamos parte de la corriente alterna: hoy me quieres y mañana me hieres. Y con tanta tensión, calor, rotación, energía cinética… creamos las fórmulas para transformar el pasado en presente, en nuestro presente. Y así, a la velocidad de la luz, sustituimos los “te echo de más”, por “me haces falta”, y los puñales por besos.
Tras un proceso de maduración y de conservación de la materia entramos en otra fase; jugamos con la química:
De la reacción que sufre mi piel cuando tus ganas se sacian en ella. Y de la perfecta mezcla de tus ojos pardos con mis lunares. Profundizamos y  ponemos a fuego lento dos materias, dos cuerpos… Y sin frenos, siento la presión de tu barba en el hueco de mi ombligo; y me pierdo mientras la temperatura aumenta al sustituir Mol por Amor. No conocemos fin ni límites y así, atrevidos, despreciamos las probetas, pues somos más de cantidades desmedidas. De lujuria irracional. Seguimos enredados; y los dos solutos cuerpos, se convierten en volátiles. Indomables, locos, borrachos de ti y de mí, hasta  modificar la tabla periódica: sobra azufre y falta oxígeno. Mucho…
Y así, hacemos física y química.

domingo, 10 de marzo de 2013

Café con sal.


Domingo, 14:08
Los rayos del Sol incidiendo en mis párpados no conjugan con las malditas pocas ganas que tengo de levantarme. Qué resaca…

Sin embargo anoche no salí a comerme el mundo, pues éste, con la única compañía de tus recuerdos y el ron, me comió a mí.
¿Sabéis esa sensación de miedo y de prisa que os entra cuando estáis en la calle esperando a alguien que no llega y la gente no para de mirarte, hasta sentir que no perteneces a este mundo, pero que los que realmente sobran en esa gran vía son todos ellos? Y en medio de esa situación lo mejor que se te ocurre es llamar por teléfono por si finalmente viene o te vas tú. Pues así fue más o menos:
Yo esperaba a alguien que no llegaba más que en venenosos recuerdos. Putos todos. Mi gran vía eran estas cuatro paredes que no dejaban de mirarme;  la botella fue como ese móvil que se va quedando sin saldo al llamarte, pero que no cuelgas porque alivia saber que estás tú al otro lado. El alcohol en vena aumentaba tan rápido que el culo de la botella se veía casi en su totalidad a las tres de la mañana.
Las horas eran tan dolorosas y mortíferas como la imagen de tus maletas en la puerta seguidas del portazo que ensordecía mis oídos, y dejabas mi corazón tan inválido e inservible como mis ganas. Curioso. La misma sensación que sigue quebrando mi cuerpo a pesar de los meses que han pasado desde tu partida.
Seguro que ese pitido que sentías cuando estabas en la cama al volver de fiesta era yo, echándote de menos cada segundo y maldiciendo esas últimas palabras que torturan mi mente. “PUES VETE, PERO SI CRUZAS ESA PUERTA AQUÍ NO VUELVES”.
Un trabajo agotador pensarte toda la noche, sudando besos y abrazos innatos entre sorbo y sorbo. La inmensidad de la soledad me hundía y me entró prisa por ir a buscarte, por rebajarme y pedirte que volvieras, sin embargo no lo hice (bendita la escasa lucidez que me lo impidió).
Sin saber cómo, la botella se quedó tan vacía como mi móvil desde que no me llamas, como el cajón sin tu ropa, como mi sonrisa desde que te la llevaste, como mis ojos de tanto llorarte... tan vacía como yo.

SILENCIO…

Domingo, 14:08
Los rayos del Sol incidiendo en mis párpados, no conjugan con las malditas pocas ganas que tengo de levantarme. Qué resaca…

sábado, 9 de marzo de 2013

Mírame muy cerca.


Los primeros y tímidos rayos de sol traspasan de puntillas la persiana. Tus pupilas de “voy a comerte” se clavan en las mías. Mírame. Míranos. Mis caderas desbordantes de ganas se ponen de acuerdo con tus manos, y éstas inician así, su ruta preferida. Las velas consumidas de anoche y las copas a medio vaciar, se rinden a nosotros y las ansias logran empañar los espejos, que nos miran envidiosos.
¿Notas como mis ojos te muerden el cuello? Ven, acércate más, mírame muy cerca…
… todavía más.

lunes, 4 de marzo de 2013

60 días y 500 noches.



Viernes de medianoche. Ellas. En cualquier calle. Caminan decididas y alegres a pesar del frío que hace y de la cola que les espera antes de entrar en esa discoteca.
Ibón se apresura a sacar el DNI, “jodidos 18 a ver si llegáis pronto” piensa, mientras Nuria la perturba haciéndole cosquillas.
Una vez dentro, Irene y Marta buscan esperanzadas que no haya niñatos mientras dejan los abrigos. Más atrás, Bárbara y Andrea chillan intentando entenderse por culpa de la música.

Tras unos retoques en el baño van al medio de la pista, a quemar y quemarse en la noche. Ibón sale la última, intranquila esperando no encontrárselo una vez más.

Intenta motivarse bebiendo el primer cubata para reunirse con las demás, mientras se dice una y otra vez: Cambia la cara imbécil, que no está, ¿te queda claro?.

En ese fondo de risas, goce y música está ÉL, con sus amigos. Está serio, incómodo e incapaz de disimular la culpabilidad que lo  invade.
-Tío, no te rayes. Búscate otra piva y olvídala de una vez, joder. Ehhhh ¿has visto a esa?¿ Por qué no le entras?

ÉL levanta la cabeza intentando contentar a su amigo mirando a la chica que le ha indicado. Ésta se ha dado cuenta, le mira sonriente y baila sexy a posta para provocarle.

-¿Está buena eeh? O vas tú o para mí.
- Pues toda tuya, ya estás pedo. Además no me interesa lo más mínimo. – Contesta tajante mientras se aleja hacia la barra intentando huir de su colega.

A pesar de la abrumante multitud, consigue pedirse un ron-cola.

A tan sólo unos pasos, está Ibón hablando con Sara y el resto de los Piña. Pablo, propone una foto e Iván le pide al chico que tiene más cerca que les haga el favor.

Sujetando la cámara y su ron-cola con firmeza, ni ÉL ni ELLA se han dado cuenta de que están en frente. Allí, nuevamente, los dos, con ganas de decirse todo y a la vez nada.

Se quedan tan inmóviles que la foto no llega: pues Ibón no consigue sonreír, ni ÉL apretar el flash.

-¡Tío, dale al botón gordo de arriba!.- Grita Pablo volviéndolos a ambos a la realidad.

Reaccionando, ÉL captura el momento y la no sonrisa de Ibón.

ELLA se va rápido. Habría echado a correr si la aglomeración no se lo hubiera impedido. Lo sabía, mierda!!
Sin embargo, a pesar de la prisa que la persigue, ÉL la alcanza y la agarra fuerte mirándola a los ojos. Esos ojos que antes, mucho antes, tenían vida propia, pues brillaban por y para ella. Jodida traicionera su boca que tantas veces la ha besado como le ha pedido perdón.

-Hablemos. Sal a fuera unos minutos, por favor. – Le implora ÉL.

Ha imaginado esta situación tantas veces, que Ibón cree no distinguir entre sueño y vigilia. Unos minutos, dices. ¿Cuántos 60 segundos necesitas para aniquilar la culpabilidad que te persigue? Piensa tan alto como si lo fuera a escuchar.

Sin embargo, no podía concebir ningún tipo de sistema sexagesimal a su lado. Pues al igual que Joaquín Sabina aprendió a olvidarla en 19 días y 500 noches; ella en 60 días y 500 noches. Malditos números, recuentos, fechas….que se clavan entre pecho y pecho.
Retomemos a Ibón. No contesta, pues no le salen ni las palabras ni las lágrimas. Nadie hubiera dicho que estaba respirando si no fuera por el ligero parpadeo que ejerció.

-Sería un error que no nos diéramos otra oportunidad, después de todo. ¿No crees?- Tantea ÉL con una sonrisa.

Serás gilipollas, por qué sonríes, maldito. Coge aire y deja escapar por inercia:


-¿Error? El error fue regalarte de forma altruista mi cariño. La oportunidad de conocerme transparentemente, de quererme como si no hubiera mañana, de vivirme tanto…
Error fueron los brazos que abrazaron mis abrazos, los besos que murieron en tu boca y las lágrimas que brotaban en cada pelea, gritos… en cada numerito de celos… hasta quemar.

Error fue que eligieras unas tetas más grandes, unas piernas más largas y un cerebro enrollado en una larga melena rubia teñida de la primera patética que apareció.


Bienaventurado antiguo ERROR que hoy, es ACIERTO.