jueves, 25 de abril de 2013

Microcuento.

No se odiaban tanto como para saber que se querían. Pero ninguno se imaginaba cuánto se necesitaban hasta que se encontraron.

domingo, 21 de abril de 2013

Como esos labios que nunca mordemos.

Mi piel no deja de protestar todas las noches desde que te fuiste. Se niega a aceptar que ya no formas parte de ella. ¿Qué rebelde e ingenua, no?
Sin embargo la razón la manda callar intentando demostrarle que hay vida después de ti.
Por eso, quizás sea hora de recobrar la creencia en el Amor, de darle una oportunidad al enamoramiento, y de borrar las ganas de 'ti' que te dejaste por este maldito cuerpo que sólo sabe extrañarte. Tal vez haya llegado el día  de descoser esas caricias que parecían tener vida propia, y, probablemente deba sacar brillo a nuevos te quieros.  Quién sabe si ya está listo este aerodinámico corazón o si hay que restaurarlo completamente, uniendo cada pieza paso a paso.
A pesar de todo, sigue existiendo ese miedo paralelo de 'volver a intentarlo', de volver a caer en ti o en otro…¿Pero sabes qué? Que no importa, porque sé que tarde o temprano sólo serás un dulce recuerdo en un amanecer de algún invierno que habrá quedado atrás, muy atrás… en definitiva: una parte anclada dentro de esta estúpida que te sigue queriendo escribiendo.

domingo, 14 de abril de 2013

Habitación 213



Te veo meter la llave en la habitación 213,
Y el mundo comunica en cuanto te giras y me miras.
No existen cruces mejores que dos miradas extrañamente conocidas, para descarrilar trenes.
El fortuito encuentro decide que tu parquet se acostumbre al desliz del 37 de mis pies.

Nuestros cuerpos perfectamente combinados contra el color pastel de la pared,
Evitan el servicio de habitaciones, empachándose sin cubiertos ni protocolos.
Acalorados, obviamos lo intrascendente.
Habitación 213. No hay preguntas, ni condiciones.

La ropa que antes pesaba, tiene prisa por cubrirme,
Y aun no sabiendo ni tu nombre, me marcho dejándote mientras duermes.
Abrazas el hueco vacío de cuerpo; pero lleno de perfume.
Sin embargo, la ausencia no deja ver rastro de ningún pintalabios rojo, en toda la habitación 213.
No ha habido preguntas, ni condiciones. Y lo maldices.

Tan sólo una horquilla que reposa en el suelo de camino al baño, espera ser acogida por tus manos.
Sonríes ágilmente. Y te adentras, pensando encontrarme, tal vez, escondida en la ducha. Por si venías.
Tras la pequeña asimilada decepción por un nuevo vacío,
Divisas en el espejo un brillante carmín rojo, que avivaba un mensaje acompañado con mi teléfono:
“Devuélveme la horquilla”             Ibón.