Podría achacar a la rutina mi falta
de interés; pero ambos sabemos que la excusa Rutina tiene nombre y
apellidos. Aunque no lo conozcas es uno de esos que nadie recomienda.
Tiene una mirada sin fin y unos besos no aptos para cuerdos. Podríamos seguir
canalizando nuestra amistad diciéndonos “te quieros” que aparentan Amor hasta
que el tiempo borre las mentiras. ¿Pero de qué serviría? Sinceramente, me gustaría haberte hecho feliz
y qué hubieras sido tú y no ÉL, el que pusiera mi vida patas arriba.
¿Nunca te has planteado saber cómo
hemos llegado a esta situación? Yo lo justifico por la resignación y la ilusión.
Resignación por renunciar altruistamente a ÉL y
en tu caso, a ELLA. Por conformarnos mutuamente, en lugar de luchar por lo que
queremos, por lo que respiramos y nos
respira.
Y, en menor medida, por la efímera ilusión. Sinceramente pensé que moriría
de amor, al verme con otro, perdida en otros brazos… Ilusa, ilusos los dos.
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