Nuestra relación es como los buenos vinos, mejora con los
años.
No sé cómo describir lo que tuvimos y lo que somos hoy en
día.
La última vez que te vi me contaste tu teoría de los
pintalabios rojos.
Acertaste con mis intenciones, pero yo también adiviné las
tuyas.
Hablamos durante horas y me hubiera bebido esa mirada
inigualable que aun conservas entre cerveza y cerveza.
Me gusta tenerte en mi vida, saber que coincidimos al
pensarnos y que tenemos más secretos en común de los que nadie se imagina.
Compartimos la particularidad de echarnos el uno al otro de
nuestras vidas, durante semanas, meses…
Nos gusta dejar que el tiempo pase y juegue a nuestro favor
en el siguiente encuentro.
Siempre he pensado que somos
unos amantes que no saben estar juntos , que no se quieren lo suficiente
como para enamorarse más que de su libertad.
Por eso sé que no somos imposibles, sino incompatibles.
Nos hacemos felices en medio de una irrealidad, que al día
siguiente nos hace dudar de si fue verdad o solo un sueño lo que vivimos.
Mezclamos la amistad, el cariño y e recuerdos en un cóctel
de un color y olor de puta madre pero que no se debe beber bajo ningún
concepto.
Porque sólo quiero que se me escape una lágrima cuando me
atragante de ganas de orgasmos que al día siguiente tenga la certeza de que
fueron verdad.
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