lunes, 26 de junio de 2017

Meteorito

Cuando a fuera hace frío, me cobijo en ti.
Habito en el microclima que creamos debajo de la sábana.
Apoyo la cabeza, cerquita de tu pecho, entre el hueco que hay 
entre tu hombro y tu barbilla.
Desde ahí, el mundo parece menos malo, 
más comprometido y consciente con las injusticias.

Guiño un ojo y juego a pensar 
que los pelos de tu pecho ocultan un paisaje
que no hay mejor manera que descubrirlo a besos.
Te agarro de la barba como quien se aferra a la vida
y me deslizo cual gata para que me rasques de las maneras más insospechadas.

Me gustas porque tras nuestro primer beso, te dije que me había dado un tirón en la pierna
y la verdad, es que eres corriente eléctrica y provocaste un cortocircuito.
Sé que me gustas, porque me tiemblan las piernas sin que me estés comiendo el coño.
Sé que me gustas, por el escalofrío que me recorre cada vez que me susurras cerquita del pelo
y porque nos imagino en todos tus poemas.

Sé que me gustas y que me encanta tener las braguitas húmedas en cuanto te pienso y que no se sequen hasta que no salgo de tu casa y piso el asfalto de Madrid en pleno junio.
Sé que me gustas más de lo que pienso y de lo que digo, porque cada segundo que pasa se me hace más difícil ocultar que te quiero. No sé de qué manera, para qué ni para cuánto.


Aunque tú no lo sepas, te lo susurré lo más bajito que pude mientras dormías, no quería que lo supieras tan pronto. Me conformaba con que hiciera mella en tu subconsciente, para que, cuando te lo gritara a la cara y en cada faro, no me tomaras por loca. 

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