“se cae el mundo al
suelo por una mano que dejaste de agarrar”.
Es un cigarro a medio
fumar que guardas para luego,
por si ese alguien
viene a fumarse la otra mitad,
pero que finalmente
consumes con la soledad.
Son las riñas y
reconciliaciones que no volveremos a
protagonizar,
no llegar a viejos
juntos, y las noches que no volverán.
El olvido es el verdugo
que corta cabezas
Y el fin que lleva
cosido otro principio.
Es lo que no se cuenta a nadie y sufres como todos.
Es lo que no se cuenta a nadie y sufres como todos.
El olvido es verte de
la mano de ella y sin importarme,
seguir bebiendo a
sabiendas que no acabe la noche contigo,
rodando en la alfombra
o subidos a la encimera,
al tejado o donde sea.
El olvido es eso que
pasa mientras dueles.
Son las fotos rotas,
las personas que aprenden a vivir con agujeros
y el bombardeo hacia
el futuro.
Es la sonrisa que
estrenas cada domingo y las ganas dispuestas a recobrar.
El olvido es dejar de
tener frío por las noches y entender que es posible llorar de felicidad.
El olvido es lo que
nos separa cuando sólo nos unen recuerdos.
Es ese número de
teléfono que dejaste de aprender, para ahora borrar.
Es volver a besar sin
sentirse culpable e ilusionarse como la otra vez,
sin importar el miedo
a que salga mal.
Olvido es el resultado
de dos corazones que (se) corrieron tanto como pudieron
sabiendo que existía
un punto final.
El olvido es un “me he ido para volver más alta,
más guapa, y con otra nueva mano metida en el bolsillo
trasero”.
Es dejar las llaves puestas, para que entre la
felicidad a tu casa,
y ver su culo desnudo andar por el pasillo.
Es rozar una piel y que siempre te parezca la primera
vez.
El olvido se olvida de olvidar todo, menos a ti.
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