Por los ocho
veintes.
Y por el camino que recorremos juntos,
callando a los que quisieron y no pudieron.
Por leerme y que te encuentres entre líneas,
sonriendo, como ahora.
Por los caminos que me llevan siempre a tu
cama, y al hotel de 5 estrellas que es tu risa.
Por ser el patio de recreo de esta insana
que te besa y te versa.
Por ser más que amigos, y por los besos que te mancharon
y no marcaron.
Por encendernos con todo apagado,
y por hacer juntos poesía sólo con mirarnos.
Por dormirme en tus brazos, mientras tocamos
la Felicidad con las manos.
Por navegar entre mi espalda,
y por tus ganas de querer quererme
tanto.
Porque mi almohada se impregne de tu olor cada mañana,
Y porque tu habitación me recuerde como la que siempre está
y no como una que viene y se va.
Por los ‘sólo un ratito’ que se convirtieron en mañanas,
por hacer de mi clavícula tu país.
Por ti. Por mí.
Por vivir en mi pelo desde aquel Dublín.
Fíjate que estaba yo pensando que hacía mucho que no te escribía mientras recordaba lo que era dormir contigo y soñar despierto con tu preciosa sonrisa cuando de repente me recorre por todo el cuerpo un cosquilleo como aquel que se apoderó de mi cuando te conocí, similar al que sentí con el primer beso y parecido al que siento cada vez que te veo en los lugares más concurridos de Madrid. Esa sensación que llevo experimentado 8 cortos meses que se han pasado volando como las brisas que acarician tu piel en la playa o como los te amo en tus oídos.
ResponderEliminarEl tiempo pasa rápido entre tus brazos, quizás Einstein tenía razón y todo es relativo, que solo pasa deprisa cuando haces algo que disfrutas y que te hace feliz, pero habría que fabricar un nuevo estado de ánimo que se pueda ligar a la velocidad de un beso para explicar lo rápido que pasan las horas y los días gracias a esa dosis de felicidad que inyectas en mi cuerpo como la morfina que alivia el dolor, el dolor de no tenerte cerca que es el peor hasta ahora conocido por alguien que se a ha dado muchos golpes en la vida.
Cada vez que te veo te necesito más y más como la droga dulce de la que este toxicómano de tus besos, caricias y abrazos no se puede desprender. Te amo pequeña ¿y sabes que?
Menos mal que nos encontramos para conocernos porque conocerte es encontrar mi vida.