jueves, 19 de junio de 2014

Cuando temí perderte

Antes de conocerte ya te echaba de menos.
Me torturaba una ausencia maleducada que no entendía de llamar a la puerta,
pedir permiso para entrar, y cerrarla al salir.

Ella desobediente. Y yo impaciente por nuestro futuro encuentro.

Imposible imaginar lo brutal que sería tenerte enfrente.
Aún recuerdo ese cielo no tan nublado típico de Dublín,
una parada del bus 15,
y tu voz en inglés con aquel italiano.

Mi pañuelo azul al cuello, ahogándome para no dejarte pasar.
O para no dejarte salir, de mi vida.

Mientras vivía con el miedo a perderte, ya te había encontrado.
Mi poca vergüenza para hablar con desconocidos,
fue la primera que se apuntó al privilegio de saber lo básico:
tu nombre, tu historia, tu herida.

Cuando temí perderte,
me di cuenta de que los corazones nunca palpitan solos
o por casualidad.
Eres tú ese algo, mi alguien.
La circunstancia, teorema, fórmula, causa-efecto…que lo descarrilla.

Tus labios desvestían mis miedos, dudas, tópicos…
Mientras yo los recubría de un “no te enamores, tonta”.
Pero de nada sirvió.
Porque aquellos que besan con precaución,
son los primeros en pecar.

Y qué manera de pecar.
 
Cuando temí perderte, supe que no puedes deshacerte
de alguien que es tu punto débil y fuerte al mismo tiempo.


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