Y 17. Ya tendría que estar allí. Joder vuelvo a llegar
tarde.- Maldice Ibón. Coge el bolso y baja las escaleras a toda prisa mientras
se pone la chaqueta. Se mira en el espejo por última vez y se arregla un poco
el pelo con los dedos. No hay tiempo para más.
-Tía, te estaba llamando, ya pensaba que me habías dado
plantón- Le dice Bárbara desplegando una sonrisa tras el fingido enfado.
- Lo siento, soy un desastre ya lo sabes. – Se apresura a
contestar ella.
Era noche de “Chiquitinas”, como decían ellas. Mientras
acudían con las demás, reían, charlaban
y se quejaban de la manía que tenía el aire de cruzarles un mechón
continuamente.
Ya estaban todas, no faltaba ninguna. Derrochaban una
felicidad y unas ganas de reír que asombraban. Nuria no paraba con sus bromas e
Ibón se contagiaba de ellas mientras miraba a Marta y Bárbara responder con los silbatos a los pitidos de
los coches de cualquier subnormal. No mucho más atrás, Andrea, bailaba mientras
cantaba cualquier canción esquivando hábilmente las miradas de rechazo de la
gente. Irene y Belén fingían enfadarse con Rocío por no dejar de
fumar mientras se reían por lo incómodos que eran los tacones nuevos que
llevaban.
Llegan al bar. Estaba lleno, como siempre a esas horas los
viernes. Mientras unas cuantas se acercaban a pedir unas cervezas a la barra,
Bárbara, Ibón e Irene se apoderan de dos mesas; prácticamente de las únicas que
quedaban. Echan un vistazo, tiene que haber alguien conocido entre tanta
multitud... pero la mirada de Ibón se detiene en una mesa.
Ya está, lo acaba de ver. ÉL no deja de sonreír mientras charla
con una chica.
En ese estado de abstracción la interrumpen sus amigas con
un eficaz codazo.
- ¿A que tú la quieres con patatas también, Ibón?- Le pregunta Irene. No se había enterado de nada por estar observándolo.
- Perdonad chicas, mmm... sí, con patatas está bien. Voy un momento al baño.
- ¿A que tú la quieres con patatas también, Ibón?- Le pregunta Irene. No se había enterado de nada por estar observándolo.
- Perdonad chicas, mmm... sí, con patatas está bien. Voy un momento al baño.
Mientras se levanta, sin poder evitarlo, desvía su vista nuevamente hacia esa mesa. Y como si de un sexto sentido se tratase, gira la cabeza y la ve.
-¡Mierda! -La única palabra que
le acude a la cabeza en ese instante. Demasiado tarde. Le está sonriendo. Ibón
responde con lo propio; sintiéndose extremadamente idiota por esa situación.
Acto seguido, su acompañante le
dice algo al oído; y ÉL levanta la mano haciéndole un gesto para que se acerque.
No le queda otra opción; y, a
medida que se aproxima, siente como si el corazón se le estuviera volviendo
loco. Una vez allí , le dedica su mejor sonrisa.
Se saludan con dos besos tímidos
en la mejilla, mientras ella, siente enmudecer al volver a recordar su aroma. Está
guapísimo, como siempre.
-¡Vaya sorpresa! – reaccionando
Ibón. Rápidamente mira la chica que lo acompaña: larga melena rubia, ojos
verdes, bonita sonrisa… Era guapísima.
- Me alegra verte Ibón, ¿cómo te
va todo?
-¡Ey! ¿No me la presentas?- Gracias
a la interrupción de la atractiva desconocida, no le dio tiempo ha responder. Aunque tampoco habría sabido qué contestarle.
- Ay perdonad. Blanca, te presento
a Ibón, una…una buena amiga. Ibón, ella es Blanca.
- Encantada de conocerte Blanca. -
Confesó Ibón tras los dos besos protocolarios intentando aparentar amabilidad y
naturalidad.
- Igualmente. ¿Quieres sentarte
un rato y nos pedimos otra ronda?
- No, no, gracias. Otra vez será;
que me están esperando unas amigas.- Observó las dos copas de su mesa, con las
patatas a medio terminar y unos billetes de Iberia.
Al percatarse, Blanca se apresuró
a decir:
- ¡Oh, mira! – cogiendo los billetes ilusionada – me lo
acaba de regalar. ¿A que es un encanto?
- Da igual, déjalo Blanca. No la entretengas, que la están esperando.- Interrumpió ÉL.
- Chhsst, es sólo un segundo, sólo le quería enseñar
nuestros billetes a Punta Cana.
- ¿Te vas a Punta Cana? –Le pregunta sin poder creérselo.
- ¡Sí!, ¡Este verano! – exclama Blanca radiante de ilusión
mientras sigue hablando del viaje. Pero Ibón no le presta atención, simplemente
lo mira a los ojos haciendo un esfuerzo sobrehumano por aparentar alegría.
No me lo puedo creer. Se va con ella a NUESTRO VIAJE, el que prometimos
hacer algún día.
No aguanta más, decide marcharse.
- Me alegro por vosotros, chicos. Emm..
bueno me tengo que ir ya, que hace un buen rato que me están esperando.
Disfrutadlo.- Acabó la frase rasgando una sonrisa que no sabe cómo la
consiguió.
- Espera…- Le dice a la vez que la intenta retener
agarrándole la mano.- Ibón, yo…- Pero ella le impide acabar la frase poniéndole una mano suavemente en la boca.
- No te preocupes, lo entiendo.
Disfruta mucho y… ponte crema solar, que siempre pasas y al final… te pelas los
hombros y te pones como un cangrejo turrado. Y no te olvides de hacer fotos con
el mar de fondo mientras posas “sexy”, que te encanta.
Se aproxima a ÉL, le da dos besos en la mejilla
y se impregna de su olor una vez más… sabiendo que podría ser la última. Lo
mira y le vuelve a sonreír.
Antes de que se diera cuenta; sus
pies, como de forma mecánica, se dirigían a la mesa de sus amigas. Mientras;
sin poder evitarlo, unas finas lágrimas comenzaban a inundarle los ojos,
empujándose por salir, borrándole parcialmente la visión.
Ellas, que han visto la situación
y la conocen, salen fuera con ella.
Las lágrimas caen por sí solas pero ya no le importa. Sabía que este día llegaría. Lo había perdido.
A ÉL.
No tardó mucho en secar sus
lágrimas mientras comenzó a sonreír. Sus amigas, sin embargo, no la entendían muy bien.
Es sencillo: se alegraba por ÉL.
Quién sabe lo que el destino
depara; pero de lo que podía estar segura es de lo que vivió con ÉL: de los
momentos que disfrutaron juntos, compartiendo TODO, sin reservas, sin miedos.
Eso es mejor que cualquier billete de Iberia a Punta Cana con Blanca… piensa
tranquila y feliz.
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