La vida es demasiado corta. Cada uno de nosotros tenemos
nuestro propio reloj de arena, por el cual, (por suerte o por desgracia) viene
determinado el momento de nuestro final. Así que no desaprovechéis las
oportunidades, porque hay trenes que sólo pasan una vez y si no te subes por
cobardía, miedo, el qué dirán … y demás inseguridades; te arrepentirás siempre.
La vida es demasiado corta como para aburrirse un sábado por la noche, como para rendirse o como para no disfrutar de
los tuyos y no dar los besos que te apetezcan. Demasiado corta como para dejar
palabras sin decir, como para vivir de los recuerdos y como para no retener a
esa persona junto a ti un poco más: una noche, un mes, toda la vida –quién
sabe-.
Demasiado corta, sí. Pero (si queremos) lo suficientemente larga como para ser FELICES
y disfrutar de las pequeñas cosas, de los que nos quieren y de nosotros mismos.
No te arrepientas de lo que has hecho sino de las cosas que
te puedes estar perdiendo: el tiempo pasa y no espera; así que no esperes al
tiempo.

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