sábado, 27 de agosto de 2016

Recordatorio de caducidad

Aparece de una vez.
Vuelve a llamar aun habiendo borrado mi número y vayamos a cenar algo barato por ahí.
Me pongo unos vaqueros, una camisa y te espero abajo.
Y a la vuelta haz como que no sabes salir de mi habitación ni de mis cuatro costados.  
Da mil vueltas a la rotonda y rodéame con los brazos como si quieras medirme y en realidad me haces un nudo.
Y quédate. 
Olvida porqué te fuiste, porqué me fui yo y porqué no hay un nosotros hoy.

Empieza a preguntarme de qué color sonrío, si soy de nesquik o colacao y de cuántas formas sé dar abrazos. O mejor aún, averígualo tú mismo. 
Yo memorizaré cada detalle de cómo nos conocimos y recordarlo juntos una y otra vez. Para que, si te vuelves a ir, se nos ocurran otras maneras de empezar con mejor pie.
Si es por eso, podemos ser todo lo carnal que quieras.

Supongamos que al final accedes y te quedas.

Descúbreme a besos, une todas mis constelaciones y elige tu lunar favorito de nuevo. 
Ése que tiene relieve y no dejabas de acariciar como si estuviera hecho de nube.
Sé mi primera vez en todo y repite conmigo en todos los planes cumplidos y en los que nos guarde el porvenir.

Encuéntrate entre mis poemas y cuida de mi ombligo.
Como cuando te quedabas dormido en él y yo pensaba que no había mejor imagen que ésa, aunque nunca la llegara a fotografiar la tengo en mi retina a fuego.
Ojalá yo en ti a fuego.

Antes solías decir que no sabías dormir si no me notabas al lado y si no te besaba despacio en el cuello. Dime que sigues teniendo los pies fríos, que guardas la camiseta que me dejabas para dormir y que no ha cambiado nada, que seguimos siendo los mismos, que aún me quieres.

Dime que nunca es tarde, que aún estamos a tiempo de continuar, que sólo fue un pause, un punto y coma con ganas de seguir leyendo.

Dime, dime, dime… pero si tengo que decírmelo yo todo, déjalo.
Ya acabo yo sola el poema. 

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