No hay mejor forma de perder el aliento que verte sonreír y recuperarlo dándote un beso. Que sabes la de tiempo que mi corazón ha estado más vacío que cualquier copa rota en un bar, hasta que se llenó de ti, y sé la cara de concentración que pones cuando cocinas, y decidido, me explicas la receta cuando sabes que lo único inexplicable es entender la suerte que tengo por tenerte al lado.
Y en ese instante dejo de escucharte, congelo el tiempo y mi mente y corazón se unen al unísono diciendo que darían cualquier cosa por despertarse abrazados a ti cada mañana, y que escuchar tus latidos pegada a tu pecho fueran mis “buenos días pequeña”. Ahora, por fin comprendo que las caricias y el cariño fueron diseñados a tu medida, de manera desmedida para hacerte feliz. Y que me suicidaría desde tu barbilla, jugándome la vida para que me cosieras a la tuya.
Ignoras la de tortícolis que provocas cruzando Madrid mientras me tienes cogida de la mano. Un día te detendrán por reincidente, y explicaremos que el verdadero escándalo público no somos nosotros, sino que haya tanto paro cuando tú y yo no estamos parados.
No nos damos tregua.
No tienes ni idea del erizamiento que oculta mi ropa cuando me susurras con dulzura, toda la sinceridad que cabe en tan sólo 5 letras, ni de la cara de enamorado que tienes incluso cuando piensas que no te miro.
Y entonces, sólo me queda sonreír, morderme el labio y besarte.
Todos piensan que vivir es pasar hojas en el calendario, lamentarse los lunes, y ver cómo el Barça vuelve a golear al Madrid. Lo que obvian es que la vida nos elige para acaparar todo el Amor que quepa entre dos cuerpos. Y que las mejores marcas son las que surgen de apretarse tanto. Que uno y uno hacen uno a fuego lento y que con piel contra piel, nace un corazón más grande.
No hay nada más natural que ser uno mismo, y a sabiendas de los defectos, adversidades…tus manos siguen residiendo en mi cuerpo. Gracias a ti comprobé que la dulce dosis de Amor que no me atrevía a beber por culpa de mis miedos, fue entrando con pequeños sorbos hasta que, llegado el momento, desarrollé una imparable y dulce sed de ti.
Que si me preguntan, no sé cuántos cruces de miradas seguidos de un tímido disimulo, copas compartidas bebiéndonos hasta el cariño, escapadas nocturnas, abrazos que burlan al paso del tiempo o lágrimas en Atocha… hacen falta para saber que estás enamorado.
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